Expresión en vigilia

Las ganas de escribir me salían por los poros y quise aprovechar. El clima suponía serme inspirador: una de las primeras noches frías del año. También llueve. Tengo mantas en la cama, torres de libros en distintos rincones, y un té chai, como siempre. Mi cuaderno está lleno de ideas y anotaciones, frases fortuitas que dejo siempre para este momento. Pero me distraigo, no puedo. Me es imposible escribir una certeza. Me surgen intervenciones, contradicciones. En cuanto estampo una idea, la pongo en perspectiva y me ablando, la critico. Borro. Ante la libertad abismal de poder ser lo que quiero me inhibo. Podría ser un delincuente arrepentido, un corazón roto, o una abeja. Pero el miedo a caer en lugares comunes, a la sensatez, es horrible. Cualquier pensamiento que me atraviesa me dispara a otra dirección, como excusa para restarle seguridad a las palabras. No tengo certezas, tengo dilemas. Un insomnio de palabras. Hoy no quiero escribir nostalgias ni aventuras. Hoy estoy así.

La Omisión de la familia Coleman

La iluminación de la sala “Pablo Picasso” del Paseo La Plaza se atenúa y el público paulatinamente deja de hablar. Todavía se escuchan susurros, pero en el instante en que una discusión de madre e hijo un tanto insólita se desata sobre el escenario, no sólo comienza la función, sino el extraño clima de tensión que reina durante los siguientes 90 minutos. Sigue leyendo “La Omisión de la familia Coleman”

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