Crítica: Emilia

vívidos que Walter (Leandro Calderone) no logra rescatar y esto es sólo una muestra del amor desparejo y la enorme distancia que hay entre ellos. A su vez, él, como padre y marido intenta mantener de manera forzada una configuración familiar que se encuentra al borde de la ruptura, con su mujer ida y angustiada y un hijo muy necesitado de afecto y contención. El caos en esta casa se debe explícitamente a la reciente mudanza, pero en su profundidad el drama es mucho más que eso. Uno de los ejes de esta pieza dramática es la desconexión: la falta de percepción de unos sobre otros y también los obstáculos para comunicarse. Quizás el momento de mayor conexión de toda la obra sea cuando Emilia habla con una mirada sostenida al público y busca en él cierta complicidad. El escenario está delimitado por pilas de almohadones y ropa, y es a través de esa simpleza y austeridad que se le permite al público sentirse dentro de la escena durante los noventa minutos de la obra. Esta característica que puede verse como algo técnico deviene en algo simbólico ya que los personajes entran y salen de la casa saltando los almohadones y los materiales, pero casi nunca lo hacen a través de la puerta. La salida al exterior de la casa se percibe en esta obra como algo peligroso que puede romper con la delicada e inestable estructura que se guarda en el interior. La iluminación se atenúa y remarca a Emilia y a Daniel Begino cuando se dirigen al público, generando así una mayor intimidad. Begino luego entra en escena con un papel secundario cabalmente interpretado. Las familias disfuncionales, los vínculos desiguales y la locura no son novedad en esta joya de Claudio Tolcachir, el director y actor de Boedo cuyo pretexto es siempre la estructura familiar. A diferencia de “La Omisión de la familia Coleman”, donde la omisión es la figura del padre, en “Emilia” se hace visible la figura de un padre inmaduro y desorientado, que desea definirse y reafirmarse constantemente. Se entiende un amor forzado que engendra violencia y también el intento de alivio de la culpa a través de la solidaridad y la demostración de afecto exacerbada. La interpretación de Elena Boggan como Emilia es sublime, y es especialmente a través de su mirada que logra movilizar e interpelar fuertemente a los espectadores. Si bien el texto le da menos protagonismo a Adriana Ferrer, ella le otorga un carácter imprescindible a Caro, la esposa de Walter que se encuentra en un estado de angustia y abstracción permanente.

Las ideas a un lado: el poder al centro

A éste se le presenta un desafío cada vez mayor para desarrollar su proyecto de “continuidad con cambios”. El único objetivo sigue siendo conservar el poder, a costa de todo y por sobre todas las diferencias y contradicciones. ¿A costa de qué, por ejemplo? El anuncio de la fórmula Scioli-Zannini fue disparador para que Randazzo se bañara de humildad y también rechazara la candidatura a Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, pedido que Cristina le había expresado intensamente. Las repercusiones de esta fórmula le costaron a Cristina un dolor de cabeza y a Scioli se le marchitó su posible o, mejor dicho, soñada libertad de gestión. La presencia de Zannini a su lado lo condiciona y le va a impedir gobernar como quisiera y gestar una rama sciolista. El secretario de Legal y Técnica es el autor material y el ideólogo del modelo, pero ¿será este un Cobos o un Mariotto? Claro está que nada tienen que ver Scioli y Zannini en sus estilos e ideas. Mientras uno navega por los ríos de la derecha y mantiene un pasado de inquebrantable lealtad con Carlos Menem, el otro se conoce como un maoista devenido en peronista con ideas “de izquierda”. Pero la tibieza de Scioli, su aspecto farandulero y su hambre de poder combinan perfecto con el bajo perfil y el carácter mandón e imponente de Zannini. De todas formas la iniciativa política del cristinismo duro no partirá solamente desde la Casa Rosada sino desde las Cámaras, donde en caso de obtener la mayoría de los votos, pisará fuerte La Cámpora. Kicillof y Wado de Pedro encabezan las listas de diputados nacionales por la por la Capital Federal y por la Provincia respectivamente. A Kicillof lo acompañan los leales Nilda Garré y Larroque. Así se conformaría este Congreso clave para el próximo gobierno: el Congreso de los sueños de Cristina. Si bien Máximo ya ocupa un lugar en la mesa chica que toma las decisiones del Gobierno, su lugar en el Congreso sería una herramienta estratégica: obtener los fueros con el cargo de Diputado Nacional por la Provincia de Santa Cruz para así “olvidarse” de que está en la mira del Juez Claudio Bonadío por haber firmado los balances de la firma Hotesur. Impunidad para todos y todas. Mientras Cristina maneja los hilos y finge estar despidiéndose del poder, la constitución de fórmulas kirchneristas impactantes sigue condicionando a una oposición que carece de personalidad, firmeza y unidad. El Frente para la Victoria parece fortalecer su entidad y Cambiemos presenta listas separadas para integrar el Congreso. Se juntaron radicales, neoliberales, y peronistas para “combatir al kirchnerismo” pero aún no demuestran estabilidad para gestionar en conjunto ni tolerancia entre sí. Los dos principales frentes que se oponen están plagados de contradicciones internas que pretenden ser ignoradas. Finalmente Scioli terminó demostrando su disposición y lealtad a Cristina para llegar al poder. Tal vez esto signifique la inauguración de un nuevo ciclo cristinista.

Crítica: El cuarto azul

siempre dentro del cuarto azul del Hotel des Voyageurs, una hostería de pueblo en Saint Justine, Francia. Fueron compañeros de secundaria, ella está casada con un farmacéutico del pueblo y él con Délphine (Léa Drucker), bella mujer francesa y madre de su hija Suzanne. Pero entre las cuatro paredes azules, la pasión deviene en lo salvaje, tanto, que es ésta la desencadenante de hechos que anteceden a la muerte. En una de las escenas iniciales, luego de morderle el labio mientras tienen relaciones, Esther le plantea a Julien la idea de pasar la vida juntos, separados de sus parejas actuales, frente a lo que él responde en un estado de relajación y abstracción total, que sí. El rol de Esther en ésta relación clandestina es influyente, dominante, y queda visible su sello desde el principio de la película. Para Julien el amor se presenta de manera dual, por un lado desde el lado pasional con su amante, a quien se podría identificar bajo la figura amorosa de Eros, que representa la parte carnal, de deseo y atracción sexual. Por otro lado el amor para Julien también existe de forma incondicional, constante, y monótona dentro de su matrimonio con Delphine, a quien igual él siempre valoriza, ubicada como otra figura del amor griego, Ágape, que remite a la incondicionalidad, la devoción y al bienestar del ser amado. Mediante la memoria narrativa de Julien, un recurso propio (pero no trillado) del cine francés, se muestran los acontecimientos en distintas temporalidades: los flashbacks ubican al público y también lo confunden. Pero no es sólo desde la palabra, el repaso de los diálogos y las escenas pasadas que se delinea la historia. Es también a través de detalles sutiles cómo objetos materiales, e incluso la presencia de un insecto, que se puede suponer una reconstrucción e interpretación de los hechos para llegar a la verdad acerca del crimen. Es por ésto que el deber de la audiencia no puede ser otro que el de prestar suma atención durante los 76 minutos de la película. La música, dirigida por el compositor Gregoire Hetzel, acompaña de manera sublime en todo momento y otorga a cada escena su carácter de suspenso y dramatismo. Los planos generales se hacen ausentes en esta película, y los planos cortos generan una intimidad mayor para la mirada del espectador. Los colores de cada escena, la iluminación, y los distintos climas que se perciben expresan lo implícito, lo que no se ha dicho. Propio de un cine alternativo que navega fuera de los lugares comunes, Amalric acierta con el recurso del color que va desde su fotografía hasta su título: se sale del cliché del color rojo como representación de la pasión, y es ésta enteramente representada a través del azul, junto con la perdición, y otros estados de conciencia del personaje principal.

Una ¿cultura? oportunista

Mejor dicho, los análisis sobre qué pasa en "La casa más famosa del país" donde conviven 15 pelotudos que no hacen absolutamente nada. Gran Hermano. Meta Gran Hermano: programas de debate en horario prime time donde un grupo de panelistas discute alianzas, afinidades y actitudes. Showmatch. Meta Showmatch: el debate sobre cómo se le resbaló el corpiño a una teta de silicona durante el certamen, si esto fue inducido o si fue accidental. ¿Acaso merece tanta atención? Me saca el sueño que la misoginia y los intereses políticos queden camuflados atrás de semejantes despliegues. La estupidización de la ciudadanía se intensifica, shampoo mental para todos. La gente vuelve a poner su cerebro en remojo: los debates sobre Gran Hermano y Showmatch se extienden a las redes sociales, como por ejemplo Twitter, que resulta una arena de discusiones y constroversias. Pero no se quedan ahí, los temas calientes llegan también a los grupos de whatsapp, a los recreos de oficina, de colegios y facultades. Mientras, la campaña política se traslada a los programas más populares de la televisión y las condiciones sociales permiten que esto suceda: los televidentes no hilan fino ni eluden el trazo grueso. La sociedad prefiere eludir. A mi me elude el sueño. De la noche a la mañana, Marcelo Tinelli, ahora socio accionista de Cristóbal López, habló maravillas de la gestión de la Presidente e invitó a su programa a los principales candidatos presidenciales, quienes fueron también invitados a "La Casa" por Vila, Manzano y Garfunkel. Estos programas con 18 puntos de rating cobran un tinte político que atraviesa a los televidentes en su rol de consumidores y potenciales votantes (y no de ciudadanos) y se vuelve el escenario clave para la distracción.

Expresión en vigilia

Mi cuaderno está lleno de ideas y anotaciones, frases fortuitas que dejo siempre para este momento, el momento de plasmar. Pero me distraigo, no puedo hacer lo que quiero hacer. Me es imposible escribir una certeza, me surgen intervenciones, contradicciones. En cuanto estampo una idea, la pongo en perspectiva y me ablando, la critico. Ante la libertad abismal de poder ser lo que quiero me inhibo. Podría ser un delincuente arrepentido, un corazón roto, o una abeja. Pero el miedo a caer en lugares comunes, a la sensatez, es horrible. Cualquier pensamiento que me atraviesa me dispara a otra dirección, como excusa para restarle seguridad a mis palabras. Entonces me doy cuenta de que no tengo certezas, tengo dilemas. Un insomnio de palabras. Hoy no quiero escribir nostalgias ni aventuras. Hoy estoy así.

La Omisión de la familia Coleman

La Omisión de la Familia Coleman, escrita y dirigida por el dramaturgo de Boedo Claudio Tolcachir, muestra la convivencia y la marginalidad de una familia al borde de la disolución, dónde la violencia y lo absurdo son cotidianos. La Omisión es la del nombre del padre, y hay dos padres que no aparecen en escena, una ausencia que dice mucho. Lo que sucede de manera visible en la obra, y lo que está implícito, interpela y moviliza a sus espectadores de manera brusca pero delicada a la vez, porque si bien no es una familia común, recurre a lugares y discusiones que, aisladas, pueden surgir cotidianamente en cualquier hogar. A medida que se desenvuelve la función, se escuchan risas y carcajadas nerviosas, pero no es ésta la reacción de todos los espectadores, ya que algunos no se sorprenden al notar que se les cae una lágrima. Es que esto que se presenta de manera tan natural, como el vínculo incestuoso de una madre con su hijo, los roles familiares desplazados, y la vergüenza por la propia familia que siente una de sus integrantes, está cargado de un sutil sentido del humor y de un tono dramático que despierta una serie de emociones variadas en el público. Del Teatro Timbre 4 del barrio de Boedo, en un PH, "La Omisión de la Familia Coleman" llegó a Avenida Corrientes. Pero no se quedó allí, ya que ha traspasado fronteras y océanos y recorrido 22 países: China, Francia, España, Italia, Irlanda, Bosnia, EEUU, Bolivia, El Salvador, Costa Rica, Panamá, Portugal, Alemania, Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Uruguay, Chile, Canadá, Serbia y México, entre otros. Esto se da porque más allá de la calidad del guión y de la excelente performance los intérpretes, la historia muestra una realidad que no requiere de un contexto específico para manifestarse: la locura familiar y la enfermedad mental son facultades humanas. El amor, el odio, la soledad, y el sentimiento de alienación que circula entre los integrantes de esta familia, en algún aspecto, pueden ser comunes a todas las familias del mundo. Al finalizar la obra sube la intensidad de las luces y los espectadores, lejos de ocupar un lugar pasivo, se ponen de pie, exclaman, y la sala desborda de aplausos, música para los oídos de los actores que saludan y se despiden emocionados.

Lisbeth Salander

¿Y ahora qué? ¿Lo llamo y le digo que mientras me bajaba del colectivo se me vino el nombre de la mina esa a la cabeza? Quedo como una boluda, debe estar en otra. ¡Y yo me acuerdo tanto de ese momento! Una tarde de invierno tirados en la cama, aislados de todo porque queríamos, hablando entre muchas cosas, de esa película. Encima sonrío cuando lo pienso. Basta. Este texto me pide que me olvide.

Comoelorto

Fui de la mercería al proveedor de telas en piloto automático y sin registrar demasiado a mi entorno, hasta que tuve la suerte de romper con la rutina que nos enmascara todos los días a la hora de pagar en el estacionamiento de Larrea y Lavalle. Sí, en medio de los cotidianos saludos correctos y desinteresados que caracterizan a los encuentros fugaces entre personas me entorpecí, y ante un qué tal común y corriente largué tres palabras: como el orto. Son 38 pesos, me respondió el señor. Y le di un billete de cien. Acá tenes tu vuelto. Gracias, le dije, y agarré el vuelto. Pará, que te pasó? Le respondí que estaba un poco triste, mal de amores (sin detalles), y mientras dos hombres esperaban en fila atrás mío y demandaban ser atendidos, el señor me expresó su consuelo y me contó que él hace mucho que no se sentía mal de amores por el mero hecho de que enviudó y nunca "volvió al baile". Nos miramos empáticamente. Me despedí con gratitud y una sonrisa. Y caminé hasta mi auto, y arranqué, y seguí con mi rutina. Pero me fui valorando ese encuentro efímero y sencillo entre el caos que abunda en la ciudad y sobretodo entre medio del egocentrismo y el narcisismo que nos envuelve y adormece nuestra sensibilidad y la capacidad de percibirnos unos frente a otros. Porque entre el apuro y la desconfianza nos automatizamos y dejamos de intervenirnos en momentos casuales, omitiendo la espontaneidad y cayendo indefectiblemente en el: todo bien y vos?

Entre migas

de que se me cayera una galletita express entre las sábanas, motivo por el cual mi cama quedó llena de migas. Sacudí un poco y me volví a acostar, cerré el libro y me acurruqué para dormitar un rato más. Me encantaba quedarme a dormir en lo de mis abuelos, y a la noche ver dibujitos animados hasta tarde en la cama de mi abuela. Nunca faltaba que ella me trajera a la cama en una bandeja un te chai y milonguitas tostadas con manteca y dulce de leche. Yo me pegoteaba toda, y la bandeja resultaba en vano, ya que inevitablemente llenaba la cama de migas. ¿A quien no le molestaría semejante cosa? Yo pedía perdón entre migas, temiendo a que me retara, como todas las veces que con mis primas le desordenábamos los cajones para disfrazarnos con sus pañuelos y collares, pero ella no hacía otra cosa que decirme "No te preocupes mi amor!", y comerme a besos. Así fue siempre 'El Abus' conmigo, tierna, noble, y endeble a mis antojos. Me estremece como a través de hechos aislados y aleatorios de la vida cotidiana podemos recordar de forma tan vívida ciertos momentos, y despertar mediante nuestros sentidos la valoración por algunos afectos y actos de amor. Creo que no podemos llegar a determinados lugares de nuestra memoria, ya sean tiernos o tristes, a través de la racionalización y la inteligencia. Sacudo un poco más las sábanas y sonrío.