Hoteles en la ruta

Vamos en el auto con mi papá y mi hermano a Pilar. Todavía no me deja ir adelante así que voy con Santi atrás y nos peleamos por usar el apoyabrazos. Siempre termino ganando yo, porque soy más grande.

En la Panamericana hay hoteles. Jardines de Babilonia, Okey, Hello, Sweet. Cuando le pregunto a mi papá, me dice que son para gente grande, y nada más. Veo cementerios y trato de estirarme para poder ver más allá de las franjas de arbustos que los rodean. Sólo veo jardines muy prolijos y verdes, no como en las películas, donde se ven tumbas y monumentos de piedra y días lluviosos. Nunca fui a uno. Nunca se murió nadie que conozca. Mi papá me dijo que cuando su papá se murió y el tenía nueve, no lo dejaron ir al cementerio. Él siempre está un poco triste y yo por eso no le pido tantas cosas.

Mi papá maneja callado y escuchamos Génesis o Pink Floyd. O Chopin, o Mendelssohn. Cuando escuchamos el cd nuevo de los Beatles que tiene un número uno amarillo sobre la tapa roja, cantamos, y él me choca los cinco desde adelante al ritmo de los aplausos de “I wanna hold your hand”.

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